miércoles, 18 de septiembre de 2013

Rafa...


Rafa...

Esa mañana los compadres salieron temprano a caminar por la selva, el sendero cada vez era más estrecho y en ocasiones sorteaban complicados obstáculos pero ellos eran expertos caminantes: ramas de árboles en el suelo que no eran invencibles para afilados machetes, arroyos que no eran imposibles para saltos largos y caminos ocultos fuera del rumbo de los caminantes que no los confundían. Tras horas de camino los compadres decidieron descansar en las bambas de un gigante árbol, se acercaba la hora del almuerzo y los estómagos rugían como feroces fieras entre el resto de sonidos de la selva, de pronto, las copas de los árboles comenzaron a moverse estrepitosamente y el sonido del follaje fue acompañado por agudos chillidos, ahí estaban, era un grupo de monos churucos que terminaba de alimentarse y se disponían a buscar un nuevo árbol para descansar. “¡Mire compadre, churucos son!”, a lo que el otro respondió: “sí son, sí son, agarre la escopeta”. Tras un rápido movimiento de uno de los hombres, tomó un cartucho de una pequeña mochila que traía consigo, armó una vieja escopeta y caminó sigilosamente detrás del grupo de churucos que ya se alejaba con copiosos saltos entre las copas de los árboles del dosel. No transcurrió más de un minuto desde que el hombre con su escopeta seguía el grupo y cuando en frente suyo la vegetación fue poca, se paró con firmeza, apoyó la culata sobre su hombro, aguantó la respiración y un leve movimiento de su dedo índice completó la acción. Fue así que una veloz “nube” de perdigones salió por el cañón de la escopeta con la firme intención de hacer daño a todo lo que estuviera en su camino y un gran churuco macho fue impactado, segundos después cayó al suelo. El grupo de churucos emitía sonidos más fuertes, todos ellos sabían que sus vidas corrían peligro y que aquellos hombres eran una gran amenaza. Con otro rápido movimiento el hombre cargó una vez más la escopeta y sin pensarlo disparó nuevamente, esta vez la víctima era un hembra del grupo quien se resistió un poco a caer al suelo y en un intento por escapar a la copa de otro árbol finalmente cayó. El hombre se acercó hasta ella y observó cómo su vida se iba apagando lentamente, pero extrañamente en su abdomen habían movimientos lentos, así se dio cuenta que las víctimas de tan cruel hazaña no habían sido sólo un macho y una hembra sino también un pequeño churuco que aún estaba en el vientre de aquella madre.


Por: Bayron R. Calle Rendón

En muchas selvas del mundo la cacería está reduciendo las poblaciones de muchas especies de primates. Esta historia refleja lo que le ocurrió a Rafa, un pequeño churuquito que sobrevivió. Él fue extraído con vida del vientre de su madre quien fue cazada junto con un macho por indígenas que habitan en Los Kilómetros, cerca de la ciudad de Leticia (Amazonas, Colombia). Rafa fue entregado por los mismos cazadores a Mundo Amazónico, un parque ecológico en Leticia. Ana Maria Pardo, co-fundadora del parque, lo recibió y atendió como a un bebé recién nacido, lo alimentó y cuidó, seguidamente se reportó a las autoridades ambientales la presencia del pequeño churuco para que hallaran un lugar donde existieran otros churucos para beneficio del pequeño y no dudaron en entregarlo a la Fundación Maikuchiga.  No obstante, que Rafa esté bajo nuestro cuidado no garantiza que pueda sobrevivir. En condiciones normales un churuco es alimentado por su madre hasta los doce meses donde luego es independiente, pero bajo estas circunstancias este proceso tarda más tiempo y además lo hace más vulnerable a enfermedades, así pasarán años para que Rafa logre un poco de independencia y pueda recuperar todo lo que perdió.





Hace ocho día recibimos a Rafa en la nueva Casa de los Animales y ahora necesitamos de tu ayuda para que él sea alimentado. Puedes seguir contribuyendo con esta cadena de favores adoptando a Rafa para que tenga un final feliz como nuestros amigos Parce, Pusanga, Huito y Rocío.



Para más información comunícate a fundacionmaikuchiga@gmail.com


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